Ya comentamos que 1981 había sido un año nefasto para el Pop Español. Los Días de Vino y Rosas entre grupos y compañías habían llegado a su fin tras un par de años de grabaciones lujosas –el primer Lp de Los Secretos, todo un prodigio de producción–. Ante tal oscuro panorama no quedó más remedio que comenzar prácticamente de cero, en estudios de grabación más modestos; pero a cambio se ganó en frescura e ideas rompedoras.
Las tiradas de aquellos discos artesanales se agotaban enseguida y las grandes compañías se afanaban en echar la caña para pescar a los más incautos. Pero lamentablemente no aprendían de errores pasados: portadas horribles y producciones que encorsetaban la creatividad (Polanski, Glutamato y Poch se echaron a perder).
Desesperadas por la competencia las multinacionales no tardaron en pergeñar nuevas estrategias ante el rechazo exigente del aficionado, horrorizado ante la manipulación de sus nuevos lanzamientos. La más arpía, crear un subsello independiente con el que camuflar nuevas propuestas. Hispavox, al mando de Carlos Juan Casado, lo intentó con flush!, humillando a los mismísimos Radio Futura a sacar La Estatua del Jardín Botánico y el Dance Usted en dos insatisfactorios singles bajo este falso y cutre sello. También probó con el rockabilly de Bulldog (el gran Tony Luz, se resignó en flush).
La CFE, pionera y Number-One en cantautores y Folk de la transición, creó El Fantasma del Paraíso, muy loable intento donde destacaron Beirut La Noche, Corazones Blindados, Piter Pank y V Congreso. Una ristra memorable de sencillos de búsqueda recomendada. Y un mensaje para quien corresponda: Se hace necesaria una recopilación. Otro ejemplo ya histórico y pionero: Chapa Discos, de Zafiro, con su precioso logo en la galleta central y del cual sí existen varios recopilatorios e incluso una caja de vinilos.
El sello del Mariscal Romero, el productor de Kaka de Luxe al que curiosamente nunca le gustó el Pop. Por allí desfilaron desde Paraíso hasta Mermelada, desde Cucharada –Manolo Tena’s Band– a Tacones. Grupos de gran éxito, vaya. Y es que cuando ni la propia compañía tiene fe en sus artistas, mal empezamos, y ese era el fallo. Nunca creyeron en las posibilidades de aquellos grupos, no hacían apenas promoción y la estrategia de ventas casi no existía. Simplemente ‘se dejaban caer’ los discos a ver qué pasaba.
La floreciente independencia abrió las puertas a cientos de propuestas insólitas hasta entonces, lejos de las férreas garras de la CBS (Los Trastos eran muy buenos) y de Hispavox (aquí desesperaron Nacha Pop y los Pegamoides).
Para animar la escena comenzaron las batallas y los piques entre grupos, entre periodistas y cantantes. Las Hornadas Irritantes (Sindicato Malone-Derribos Arias) combatían contra Los Babosos (Mamá-Secretos). Jose de Las Chinas contra Ana Curra, Jaime Gonzalo contra Décima Víctima y su orondo cantante -para algunos imitador del malogrado Ian Curtis- que años atrás nos había deleitado con aquel veraniego Mari Pili.
Luchas fratricidas por doquier: a Coppini casi le rompen una pierna sus enfervorecidos fans, Olvido sale fea en el Rock Espezial, el Zurdo se declara facha y para redondear el panorama Las Vulpess –mejor sería decir Mr. Anson– van y se cargan sin querer nuestra Caja de Ritmos. Y lo peor de todo, la catástrofe independiente.
Sucedió en 1983. La distribuidora Pancoca quebró llevándose consigo al precario sueño incipiente. Dos Rombos, Auxilio de Cientos, Rara Avis, Musikra, Lollipop... Todo un entramado de pequeños sellos se desmantelaba en favor de la concentración.
El ejemplo a seguir lo constituía Nuevos Medios. Y en un ágil reflejo para escapar al desastre se fusionarían Tres Cipreses y Dro –más tarde se les unirían Gasa y Twins– para pasar posteriormente a manos de Time-Warner. 1983, un antes y un después en la independencia discográfica. Hasta Sardinita, editor del ’96 lágrimas’ se atrevió con Spansuls Records, verdadero nido de fieras post-punk. El Ataque Preventivo de la URSS de Polanski y el Ardor, su único hit. Paco Martin, antes de Twins y de su bombazo con los Hombres G, sacó adelante MR. Danza Invisible y Pistones, sus mejores bazas (Última Emoción, la esperanza truncada). Hasta que Ariola echó la red y lo absorbió definitivamente .
Pero el viaje más desconcertante, la peregrinación más alucinante por la década del hedonismo sin fin la protagonizarían Los Elegantes. Repasemos su tortuosa historia. Comenzaron con un single en Chapa y con El Chicarrón ‘Charlatán’ en sus filas. Pasaron a sacar otro sencillo con Record Runner, una tienda de discos de NYC con sucursal en Madrid; Me debo Marchar/Este es mi Tiempo carecían de producción.
Engrosaron la escudería Rara Avis y el maxi La Calle del Ritmo resultó un mini-éxito que llamó la atención de Zafiro-Serdisco, donde sacarían su flamante primer Lp, 'Ponte ya a Bailar', cuya portada y encarte interior recordaban excesivamente al mítico 'All Mod Cons' de lo Jam. Pero la pastosa producción de Rafa Abitbol desesperó a sus seguidores. Lo enmendaría para el segundo, ‘Paso a Paso’, a la postre magnífico y guitarrero trabajo.
Como el malditismo les perseguía, tras dos nuevos trabajos, tras las producciones de Elliot Murphy y Andreas Prittwitz, ficharían por Dro donde grabarían 'A fuego Lento' de la mano del gran Eugenio Muñoz- y también un exitoso doble en directo, ‘En el Corazón de la Resaca’, con el que lograrían cierta aceptación y ciertas ventas. Un recorrido agotador de gran valía musical, aunque de escaso rendimiento comercial.
La canción más repetida en los recopilatorios es la mencionada Calle del Ritmo, remezclada para su primer Larga Duración. Pero otras dos sobresalen gloriosas de su repertorio: Los Buenos Tiempos Dónde Están y Adiós al Verano. Dos himnos generacionales, dos sentidas melodías que escuecen las cicatrices del optimismo.
Pero no os alarméis, en las radiofórmulas nunca sonarán.