Parecía que los Who iban a cambiar el mundo en los primeros años setenta después del fracaso Hippie y antes de la revolución Punk. Todavía era muy joven para saber quién era Keith Moon, pero su leyenda formaba ya parte de nuestro universo particular donde la diversión tenía mucho en común con la del protagonista de Tommy. Nos pasábamos horas en el Pin Club compitiendo con la máquina de bolas -el término Flipper no lo utilizábamos-. Pero con quien más coincidíamos era con Jimmy, el Mod por excelencia. Mientras yo aprendía a caminar él ya peleaba en la playa de Brighton, y lo que ahora unía a ambas generaciones eran el amor por la música –1978, récord de ventas de Vinilos en UK/USA– y el escepticismo ante el futuro disipado en cócteles de sustancias varias. Todavía faltaban tres años para que el fenómeno JAM me estallara en la cara casi coincidiendo con su separación, pero... ¿Cómo los conocí?
CONFESIÓN Nº 1
Cuesta creerlo, pero aquí los grupos más novedosos que llegaban eran Police y Pretenders, cuando no Dire Straits. Me encontraba yo en V.L apurando los ahorros en sus maravillosas cubetas de Lps cuando el 'Scary Monsters' del
Thin Duke -por estos lares conocido por El Duque Blanco- se me quedó prendido entre los dedos. El tema
Ashes To Ashes me llevaba dando vueltas en la cabeza por culpa de su impactante videoclip (hasta los mismísimos Radio Futura tomarían buena nota del mismo para dar vida a su 'Estatua del Jardín Botánico'), así que era la ocasión y me hice con el dichoso disco. Cual no sería mi desdicha que precisamente en ese corte la aguja saltaba estrepitosamente.
¡Un Rallazo!
Indignado me fui
corriendo
a devolverlo, y el serio señor de la tienda, que ya conocía mis exquisiteces, hizo la prueba en un tocata barato a prueba de surcos rebeldes; pero aquella avería era grave y aquel pick-up también saltaba. Muy a su pesar me dijo... – Coge otro. Y de este modo me reconvertí. Como una señal del destino abandoné a Mr. Camaleón y de la letra B me pasé a la J. Me llevé el 'Setting Sons' y no lo lamenté, a pesar de ser el trabajo más difícil del trío de Woking. Después vendrían todos los demás, todos los del Cappuccino Kid, todos los de su carismático líder.
PERO REGRESEMOS A 1979 Año de Quadrophenia, que ya se había representado en los teatros ingleses bajo la etiqueta de Ópera Rock, y de The Kids Are Alright. En una tienda de la madrileña calle Montera, y no seáis mal pensados, el efecto nocivo para el bolsillo de la nostalgia me hizo desembolsar por estos álbumes dobles un dineral. Los Who ponían toda la carne en el asador, pero la década se les escapaba de las manos en favor de la maravillosa New Wave. En la primavera de 1980 los alumnos de segundo de BUP
del Instituto organizaron una sesión en el Cine Arosa a beneficio del viaje de fin de curso. Sí, como no, la peli era Quadrophenia. El cine a rebosar de un público mayoritariamente joven llegado de todas partes constituyó todo un acontecimiento. Pero con lo que no contaron los pupilos fue con el cabreo de la asociación de padres y posterior retirada de la subvención para dicha excursión, y todo por culpa de una inocente escena donde el ya mencionado Jimmy salía ¡Desnudo! en la bañera –pudorosos ellos, se bañarían vestidos, digo yo–.
Y copiando la idea, para que ahora digan, en Cambados van y ponen Tommy, fletándose autobuses a tal efecto y no faltando los más a la inexcusable cita (el sonido de aquel viejo cine, un horror).
La música nos cambió. Sentado con los amigos en un banco del Jardín de Ravellla pasan los de otra pandilla conocida.
– ¿Adónde vais? -preguntamos-.
–
Al Mickey, a escuchar lo nuevo de los Dair Estreis...-

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